Si yo fuera rica no estaría escribiendo este blog. Compraría lo que quisiera sin fijarme en el precio, gastaría dinero a raudales, pagaría mil euros por algo que costara quinientos…
Momento: de eso nada. Que sería rica pero no tonta. Nadie pagaría más por algo que costara menos.
Y si los ricos -que son ricos y les sobra- no lo hacen, ¿por qué lo voy a hacer yo, ama de casa, madre de dos hijas y con un marido que trae un sueldo “promedio” (es decir, bastante justito) a casa, que no tengo otras fuentes de ingresos y que no tengo ninguna tía rica a la que heredar? En mi caso queda claro que “tengo” que comprar con cuidado, sin derrochar, estirando los euros al límite… pero da la casualidad de que también quiero hacerlo porque estoy convencida de que hay un montón de gente allá fuera (comerciantes, distribuidores, grandes tiendas) que se está forrando a mi costa. Y la verdad es que no me hace ninguna gracia.
Mis esfuerzos por ajustar mi presupuesto van encaminados, más allá del simple ahorro, a encontrar nuevas vías para vivir con menos sin perder confort. Yo quiero ser una domadora del euro, sentir que tengo el látigo en la mano y que yo soy la que manda en este negocio. Ya veremos si la situación económica en España sigue empeorando y me tengo que tragar mis palabras y concentrarme en la supervivencia (aunque entonces podría crear un blog de damnificados por el euro), pero de momento me gustaría ir recortando gastos de manera creativa, sin privarme de nada de lo que yo considero esencial para vivir con decoro…

Tengo experiencia en esto de ser pobre. Nací en un país tercermundista y mis padres nos sacaron adelante a cinco hijos, con un solo sueldo y muy poca infraestructura social (sin ayudas a la vivienda, al nacimiento o al paro como aquí). Sé lo que es hacer rendir un guiso (más patatas, más agua), leer libros prestados en dos días por no poder comprarlos, tener juguetes “artesanales” (casas de la Barbie hechas con cajas de verduras, por ejemplo). Sé lo que es hacer un presupuesto ajustado y confiar en los números: recuerdo nítidamente a mi madre en la mesa de la cocina el día de pago, con su libreta de cuatro divisiones con hojas de colores, sus sobres para ir poniendo en ellos los pagos de la luz, el agua, los colegios… en los tiempos en los que a mi padre le pagaban en efectivo y no existía la domiciliación bancaria. Todo lo que sé de economía doméstica lo aprendí de ella (y sigo aprendiendo, a pesar de la distancia).
Como no quiero ponerme sentimental (demasiado tarde, snif, snif…), les diré que al crecer seguí mi carrera de pobre en solitario. Fui una estudiante pobre en una universidad perdida de Estados Unidos cuando tenía 21 años y una pobre turista de 23 cuando llegué a España en 1998, cargada con mi maleta y 1000 dólares para “despilfarrar” en treinta días. Los números no me cuadraron porque conocí a mi hoy marido a los quince días de estar de vacaciones… y aquí sigo, de pobre profesional, jejeje.
Tuve un breve período de riqueza hace tiempo en el que milagrosamente los ingresos excedieron a los gastos mes tras mes (de forma moderada, todo sea dicho), pero esto se acabó el verano pasado, cuando nos mudamos a Valencia; espero que esa efímera bonanza no haya estropeado por completo mi paupérrimo currículum… Y es que, como decía mi querido amigo Uriel: pobre y honrada, no pobre pero honrada (como si tuviera que pedir disculpas, o como si una cosa excluyera a la otra). Que yo no quiero robar, pero tampoco que me roben…
Siempre me ha interesado el tema de la economía doméstica (supongo que por necesidad), pero hasta este momento no había encontrado ningún material realmente adaptado al contexto español (también tengo que decir que dejé de buscar hace cuatro años, cuando fui rica momentáneamente; quizás ahora los encuentre). Todas mis fuentes de consejos, recetas y estrategias para llegar a fin de mes estaban en inglés, en foros específicos para americanos, con cosas que no existían aquí: tiendas de 24 horas, cupones de descuento en los periódicos, ofertas con cantidades y tiempo limitado, etc). Intenté tímidamente proponer el tema en algunos foros de bebés y niños en español (los únicos que frecuentaba con asiduidad) pero casi siempre pasé desapercibida… hasta hace poco.
Lo primero que hice fue poner la encuesta de gastos e ingresos que reproduzco en la siguiente entrada, más que nada por curiosidad, para ver lo que la gente se gastaba en comida y compararlo con mis propios gastos. La gente se empezó a animar y a responder; se notaba que ahora sí que íbamos todos achuchadillos y el tema nos preocupaba más que antes. Sin “querer queriendo” (como diría el Chavo del Ocho) aquello se convirtió en una bola de nieve con más y más gente cada día, y de pronto encontrar la información en toda esa retahila de intervenciones se estaba poniendo harto complicado. Es por eso que me decidí a dar el salto a “la gran pantalla” y traerme el chiringuito a estos lares.
Como la mudanza fue de un día para otro, el material que fui escribiendo a lo largo de estos meses está un poco desordenado y me tomará todavía un tiempo dejarlo como los chorros del oro. Paciencia, que todo llega. Quiero arreglar lo que está torcido y escribir más, mucho más. Así que a todos los que ya me conocen por el post antiguo les doy las gracias por haberme dado “el empujoncito” para llegar hasta aquí… y a los que no me conocen de nada simplemente los invito a explorar esta página y que, como en un buffet, se lleven a la boca únicamente lo que les apetezca…
Por aquí nos vemos, que es gratis.


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