10 Mayo 2008

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Bueno, ahora les digo algunos “mandamientos” para ahorrar más en súper (no me los inventé yo, eh, que los he leído por ahí):
1. Hay que hacer un menú semanal, para saber qué cosas se pueden aprovechar de un día a otro y no tirar comida. Por ejemplo: si el lunes haces pollo al horno y sabes que siempre que lo haces te queda un trozo, pues el miércoles te planteas poner unas croquetas con el pollo que te sobró. Si no, te pasa lo que amí, que hago el pollo, guardo el sobrante… y lo tiro cubierto de moho la semana siguiente.
2. Una vez que tengas el menú haces una lista (el menú debe ser total, con desayunos y meriendas incluidos) y vas al súper con ella, intentando no salirte de ella (excepciones: cuando encontrarmos una oferta grande en un producto que sabemos que consumimos y nos llevamos más unidades para guardarlas). Así también tardamos menos tiempo y la tentación de comprar cosas que no necesitamos es menor.

3. Hay que intentar ir a comprar sin hambre y sin niños y no más de una vez por semana (en lo fresco yo sí iría 2 por lo menos)… ya sé que es difícil, pero es que son factores que potencian la compra compulsiva.
4. No comprar productos precocinados, son caros y no son sanos. Es mejor intentar hacerlos en casa (aunque no tenemos mucho tiempo, ya sé, pero hacerlo cuando se pueda).
5. Hay que guardar los tickets, para poder comparar los precios en varias tiendas. Pero también hay que calcular los costes en gasolina/tiempo para ir de un sitio a otro, a veces no compensa (si todo está a distancia caminable, pues no deja de ser un buen ejercicio…

 

Mi marido me mantiene, o eso dicen. Soy una mantenida. Él sale por la mañana a trabajar y yo me quedo en el sofá viendo telenovelas y comiendo bombones. Una asistenta viene a limpiar, hay una chica que se ocupa de los niños y yo dedico mis días a estar guapa y a escribir este blog.

¡Y un jamón! Todas sabemos que esa vida sólo está reservada para los ricos y famosos (y ni tanto, que también tienen sus obligaciones); lo malo es que la gente, en general, se cree que ser ama de casa es “no trabajar”, “no hacer nada” y “tener mucho tiempo para ti”.

No hay trabajo más ingrato que el del ama de casa (bueno, igual exagero, se me ocurren otros peores: sexador de pollos, recogedor de cacas de los caballos en los desfiles, profesor de Opening): nunca se nota lo que haces, sino lo que no haces. Tienes la casa limpia, la ropa a punto y las facturas ordenadas y un solo día se te olvida recoger un calcetín y hala, te tachan de desordenada… Yo por eso no he malacostumbrado a mi familia: de normal parece que por la casa ha pasado un tornado (y tengo 2, una de 7 años y otra de 21 meses) y cuando logro finalmente limpiar todos vienen a felicitarme, jejejeje…

Aún así, el trabajo de casa se convierte en una eterna condena de Sísifo: los platos se tienen que lavar una y otra vez, el polvo vuelve a posarse sobre los muebles, la ropa recién plancha se ensucia con sólo mirarla… es desesperante. Nunca termino de hacer nada, siempre hay algo más urgente qué hacer o deshacer.

De momento tengo claro que lo mío no es limpiar, pero es que trabajar fuera de casa sería peor. Con toda seguridad vendría del trabajo reventada para luchar con los platos, la ropa y las comidas. No, yo por ahí no paso. De momento bastante tengo con criar a mis hijas, que ya se harán mayores algún día. Y además,  yo trabajo “a mi manera”, porque para mí AHORRAR es un trabajo… y muy bien remunerado, por cierto.

Una vez al mes recibimos una nómina. Recibimos, porque en esta empresa familiar llamada matrimonio los socios somos dos, cada uno con sus respectivas obligaciones. A mí mi marido no “me da dinero” (ya lo cojo yo sola del cajero, jajaja). Hay una cantidad reservada para gastos personales de la que ambos podemos disponer. El tema macroeconómico (compras grandes, viajes, apertura de cuentas) lo llevamos al 50 por ciento; de la economía diaria me ocupo yo sin consultarle. Soy mi propia ministra de economía y sé que de mí depende que los recursos comunes estén bien aprovechados.

En el desempeño de mi puesto tengo que inventarme estrategias para arañarle los euros a los gastos cotidianos: hacer cocina “de autor” con las sobras, perseguir las ofertas del súper como si fuera detective privada, llevar un registro pormenorizado de las compras para localizar fugas en el presupuesto, leerme el manual de la renta para aplicar todas las deducciones posibles a nuestra Declaración de la Renta, estar pendiente de los plazos de convocatoria de ayudas, becas y subvenciones varias, en fin, una larga lista de tareas que me mantienen más que ocupada (y que son más interesantes que quitar el polvo, por otro lado).

Me gusta pensar que trabajo “por mi realización personal”, pero reconozco que lo hago principalmente por el dinero (como casi todo mundo). Con una sola nómina, dos hijas y una casa en alquiler mi trabajo de ahorradora profesional es imprescindible. De no aplicarme cada día como lo hago, tendría que estar pensando en buscarme otra cosa fuera de casa, y al final para ganar sólo un poco más: tal y como están los sueldos, me saldría lo comido por lo servido (pagando comedores, guarderías, con menos deducciones de impuestos…) Y todos aquí -pero sobre todo mis hijas- saldríamos perdiendo… 

A mí en realidad no me molesta decir que trabajo en casa, aunque para muchos eso no sea trabajar. Allá ellos, que no tienen quién los mantenga, jejejeje… Como sea, no voy a ser menos que los demás y la próxima vez que alguien me pregunte a qué me dedico, le diré que soy domadora del euro. A ver qué cara se le queda…

 

Empezar por el principio: cuánto tengo, cuánto gasto

Antes que nada hay que distinguir entre los gastos fijos (impepinables), los variables y los flexibles. Los fijos: alquiler/hipoteca, coche, préstamos personales,etc. Los variables: luz, agua, teléfono, gas (varían poco, pero
se pueden ajustar) y los flexibles (alimentación, vestido, ocio).

Normalmente no podemos hacer gran cosa para cambiar los fijos (o mejor dicho, hay que hacer GRAN COSA para cambiarlos, como mudarse, vender el coche, etc), o sea que casi que no nos metemos ahí (de momento…)

Lo segundo es plantearse si los gastos variables se pueden reducir: luces apagadas, menos servicios de internet/tele, cocina alternativa en microondas para gastar menos gas y duchas en lugar de baños (o baños colectivos, como en mi casa con las niñas).

Lo tercero es “atacar” la parte destinada a la alimentación/vestido/ocio,
que es normalmente la que se lleva un pellizco muy gordo del presupuesto y que es en donde más se puede ahorrar (por las diferencias tan abismales entre tiendas). Ésta es mi especialidad, aunque no estoy muy actualizada… me estoy poniendo al día de precios de tiendas para poder ir de “cacería”
en condiciones…jejejeje).

Bueno, con respecto a este tercer punto a continuación propongo la siguiente encuesta para irnos conociendo “financieramente” y para ver si nuestro presupuesto familiar es o no razonable.

Para contestar a esta encuesta no hace falta someterse al polígrafo: no es un interrogatorio, sino un sondeo para ver por dónde andan los tiros (o mejor, dicho, por dónde se nos van los cuartos). Partiremos de ella para comenzar a hacer cambios en nuestros hábitos, tantos como queramos o con lo que nos sintamos cómodos, que tampoco se trata de sufrir innecesariamente…

 Y, eso sí, les propongo que a partir del mes que viene juntemos los tickets: tal cual nos los dan, al llegar a casa, deberíamos ponerlos en una caja, o en una bolsa de ésas de congelación que tienen cremallera; también es buena idea apuntar en una libreta todos los gastos que tenemos cada día para que no se nos olviden (sobre todo si no tenemos ticket, como en el caso del pan, las chuches, el periódico…)

Las sorpresas están garantizadas, porque nuestra percepción del consumo rara vez coincide con la realidad…

 

 Encuesta de consumo/alimentación familiar

No. de miembros en la familia: 2 adultos 1 niño 1 bebé (como en
los aviones)
Zona de residencia: Valencia (ciudad, más de 500,000 habitantes)
Oferta de mercados, hipermercados, tiendas: Abundante. Hay todo tipo de cadenas, más algunos mercados (Jesús, Central, etc) y mercadillos.
Días a la semana que vas a comprar: por lo menos 5 veces a la semana.
Establecimiento preferido: Mercadona, aunque me estoy pasando al Día,
que es más barato.
¿Compras marcas blancas? (marca Dia, marca Hacendado-Mercadona, etc)
Sí. Proporción: un 50-60 por ciento de la compra.
¿Compras regularmente (más de 4 veces por semana) productos congelados/precocinados?: Sí: cebolla, ajo, masa de hojaldre, empanadillas.
¿Cuántos desayunos, comidas y cenas se preparan (normalmente)
en tu casa a la semana?:
7, 7 y 7. Y además las niñas meriendan.
¿Cuántas veces sales a comer fuera de casa?: una vez al mes, si tenemos suerte, y si hay algo que festejar (aniversario, cumpleaños, etc).
¿A qué tipo de establecimiento vas a comer fuera: bar, restaurante elegante, comida rápida?: Comida rápida, normalmente china. ¿Gasto promedio? 20-25 euros.
¿Hay algún producto que sepas que se está “chupando”parte de tu presupuesto y al que te sea muy dificil renunciar? Sí, a la cocacola, pero es que mi caso es adictivo porque soy de 4 botes al día. Desde hace 10 días o así me tomo una cada 3, 4 días (o sea que me he tomado 3, creo…)
¿Cuál dirías que es tu presupuesto mensual (aproximado para alimentación (para el súper en general, incluidos productos de droguería y limpieza? (¿O no tienes ni idea?) Pues la última vez que tuve cuidado en controlarlo estaba entre 500-550.

Pues eso, aquí los espero… con los tickets en la mano.

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