Salí de casa de mis padres a los 21 años con lo puesto, segura de estar capacitada para empezar una vida en solitario en los Estados Unidos, aunque marcada a mi pesar por algunas hazañas culinarias que todavía se recuerdan (y que en mi familia me restriegan cada vez que voy de vacaciones): el misterio de la desaparición del molde de la tarta de queso -no tenía molde de cristal y usé uno de plástico que se le parecía mucho…-, los tropecientos jamoncitos de pollo que mi madre me dejó rebozando en hojuelas de maíz para freir al estilo americano para una fiesta familiar, y a los que no encontraba yo la manera de adherirles los trocitos de cereal (porque se me ocurrió quitarles la piel y se me olvidó usar huevo batido)… en fin, ya se hacen a la idea. Mi pobre madre me echaba de la cocina a la primera provocación para que mis experimentos no acabaran prematuramente con el presupuesto de toda la semana…
Los primeros cinco meses (de agosto a diciembre) que viví sola en Estados Unidos comí básicamente huevos, hamburguesas del Burger King (después de las 3 de la tarde valían sólo 1 dólar en la Universidad), de vez en cuando pizzas (porque eran muy caras) y bandejitas de esas de cenas congeladas que los americanos llaman “tv trays”, llenas de grasas saturadas e hidratos de carbono. Esa Navidad, de vuelta a casa, no me hubiera extrañado que mi madre me hiciera al horno a mí en lugar del cerdo que normalmente cocina para la cena; nunca he vuelto a pesar lo que entonces, ni siquiera embarazada de 9 meses y a punto de parir a mis hijas. Papá Noel fue clemente y me trajo un par de recetarios y una batería de cocina en lugar de la máquina de abominables que me merecía…
Ese regalo me cambió la vida (y la talla de ropa). A punta de libro, y sin saber nada de nada, me fui haciendo un repertorio bastante aceptable de recetas que he ido perfecccionando con los años. Empecé a cocinar más sano y a congelar las porciones sobrantes para nunca tener la tentación de llamar al de las pizzas al llegar a casa y encontrarme demasiado cansada para cocinar. Luego me vine a España e incorporé nuevas recetas de la mano de mi suegra y de amigas varias, por lo que ahora mismo se puede decir que tengo un doctorado en paella y un máster en tortilla de patatas. Por supuesto que algunos experimentos no ha salido bien y se fueron a la basura, pero normalmente siempre hay voluntarios en casa para probar mis creaciones (público cautivo, que lo llamo yo).
Yo no sé si en casa de José Andrés o en la de Darío Barrio (mis dos cocineros televisivos favoritos) tienen ese problema, pero a mí me da que las reticencias a la hora de confeccionar nuestro menú tienen mucho más que ver con la pereza que con la capacidad culinaria de cada uno. ¿Por dónde empezamos? ¿Qué tenemos que tener en consideración para elaborar nuestro menú? ¿Qué podemos hacer si de cocina sabemos “lo justito” y nada más, y aún así queremos ahorrar y comer sano? (¡casi nada!)
Lo más fácil en principio es piratearnos los menús sin piedad. De internet (páginas varias, fácilmente “googueables” ), de algunos libros (en el de Simone Ortega, “1080 recetas de cocina” vienen los menús organizados por semanas y estaciones) y, si me apuran mucho, de los tablones de anuncios del colegio de nuestros hijos (una mirada disimulada no basta, hay que sacar la libreta y el lápiz para apuntarlos bien). Que por menús no quede. La única pega que le veo a estas alternativas es que normalmente traen platos que no nos gustan/no sabemos cómo preparar/son muy caros.
Yo tengo mi propio sistema y de momento funciona muy bien. En casa la regla (que, por cierto, me he inventado yo) es que: todos comemos lo mismo, todos cenamos diferente. De esta manera reduzco tiempo, dinero y esfuerzo en la preparación de las comidas sin anular (por completo) la capacidad de elección de mi marido y mis hijas.
Lo primero que hago al principio de mes es una lista de todos los platos que sé preparar, cuya eficacia y aceptación en la familia están ya probadas (y que de precio están bastante apañados), y los clasifico en grupos de la siguiente manera (el número entre paréntesis indica las veces al mes que los preparo):
Huevos: Tortilla (4) a la que hay que acompañar con: filetes de ternera /salmón / perca/ lomo de cerdo
Pollo: Pollo al limón (1) Pollo al la cerveza/con verduras/con salsa (1) Pollo al horno/al perejil (1), que normalmente van con arroz blanco/ puré de patatas
Arroces: Paella (1) Arroz al horno (1)
Pasta: Macarrones con chorizo al horno (1) c/ lomo o filetes /Espaguetti boloñesa (1) carbonara/champiñones/ajillo (1) con pollo a la plancha o fletán/ Canelones/Lasaña (1)
Sopas: Sopa de higaditos (1) / Sopa de fideos (1) con lomo/salmón
Legumbres: Lentejas (1) con filetes/ Garbanzos con bacalao/Alubias con chorizo (1)
Guisos:Costillas con patatas (1) Albóndigas (2) con arroz/puré de patatas
Verduras: Coliflor con patatas y huevo (1) Judías con jamón (1) Judías con patatas (1) Repollo/alcachofas (1) Acelgas/Espinacas (1) Gazpacho/ Espárragos (1) todos ellos con: pollo a la plancha, filetes, perca, salmón, lomo o fletán de segundo
De toda esta lista saco 26 comidas, de lunes a sábado cuatro semanas. Los domingos los reservo para la experimentación: intento nuevas recetas para ver si se convierten en candidatas a incorporarse en el menú oficial, o intento que mi marido me saque a comer fuera, jejejeje. Tengo que decir que mi marido y mis hijas se conformarían con comer más o menos las mismas cosas todos los días, pero yo es que me aburro enseguida y por eso me gusta dejar espacio para la creatividad…
El menú del mes (en este caso, el de junio), entonces, queda así:
Semana 1:
1 Paella
2 Tortilla de patatas con filetes de ternera
3 Pollo a la cerveza con puré
4 Sopa de higaditos con perca empanada
5 Albóndigas con arroz
6 Repollo al vapor y lomo con patatas
7 Canelones
8 Receta sorpresa
Semana 2:
9 Tortilla de patatas con salmón
10 Espárragos con pollo a la plancha
11 Macarrones con chorizo y fletán rebozado
12 Costillas con patatas y arroz
13 Acelgas con filetes a la plancha
14 Pollo al limón con puré de patata
15 Receta sorpresa
Semana 3:
16 Tortilla de patatas con perca rebozada
17 Lentejas y filete empanado
18 Espaguetti a la boloñesa y pechuga de pollo a la plancha
19 Coliflor con patatas y salmón al horno
20 Albóndigas con arroz
21 Judías con jamón y lomo con patatas
22 Receta sorpresa
Semana 4:
23 Tortilla de patatas con fletán
24 Pollo al horno con puré
25 Sopa de fideos y filetes a la plancha
26 Garbanzos con bacalao y lomo empanado
27 Judías con patatas y salmón a la plancha
28 Arroz al horno
29 Receta sorpresa
30 Espaguetis carbonara con pollo a la plancha
Salvo corrección de algún nutricionista experto, creo que el menú está bastante balanceado. Procuro que haya variedad, y que no se repita el mismo tipo de alimento dos días seguidos. Que todas las semanas haya algo de carne, de pescado, de legumbres, de verduras. Y en todas las comidas siempre hay ensalada fresca y fruta de postre. El que quiera, bien, y que el no… que se espere al domingo, a ver si cae algo más apetitoso. Por supuesto, el menú para mí no es más que una sugerencia; tengo que ser flexible para dar cabida a imprevistos como invitaciones a comer, invitados en casa, una oferta de carne o pescado en el súper que no puedo rechazar, o simple y llanamente cuando no me apetece mucho lo que toca ese día (a mí, a los demás no les pregunto, jejeje, que para algo soy yo la que cocina).
Para la cena no hago menús. En casa cada quien cena lo que quiere. Normalmente sobras de la comida (no del mismo día) un poco tuneadas o reconvertidas en tortillas, gratinados o acompañamiento de cuscús, o arroz (es por eso que en la Semana de las Sobras casi ya no me queda nada, jajaja). A veces me sale la vena patriótica y terminamos cenando quesadillas, tacos y guacamole. Todo mundo come lo que le apetece y así “compensa” si, por ejemplo, la comida de ese día no ha sido su favorita.
Yo no digo que esta sea la manera ideal de confeccionar un menú, pero de momento a mí me vale. Ya vendrán tiempos de prosperidad en los que pueda sorprender a mi familia con exóticos platos y suculentos postres más de una vez por semana. Entonces ya me quebraré la cabeza para hacer nuevos menús… (¡¡¡o me iré directa a mi restaurante favorito!!!)


