29 Mayo 2008

You are currently browsing the daily archive for 29 Mayo 2008.

He descartado completamente la idea de hacerme rica. Me duele el corazón (y el codo, como decimos en México) gastarme 2 euros en una primitiva; en Navidad el único décimo que compramos es el del trabajo de mi marido, más que nada para que no se nos quede la cara de tontos si acaso toca algo. Podría poner un negocio, aunque no sé si decidirme entre un gimnasio (que sólo tendría que abrir enero y septiembre, los meses en que todos nos apuntamos) o un kiosco (que atendería también en esos meses, en los que salen los primeros ejemplares de los coleccionables). Pero no, no aspiro a ser rica. Me conformo –de verdad- con que me devuelvan todo lo que no debería haberme gastado…

 

Todos hemos tenido gastos “no prioritarios”, de esos que duelen, y que seguimos recordando durante mucho tiempo. La fianza del piso en Arizona que se quedó mi casera porque rompí el contrato para venirme a España (500 dólares); los 170 euros de un billete a Tenerife que mi marido no utilizó durante el proceso de oposiciones hace 3 años; los 260 euros que me gasté en los exámenes de homologación del título que, a pesar de lo que mi madre dice, no tengo colgado en la cocina. Y sin embargo, los años nos han demostrado que ese dinero más que una pérdida ha sido una inversión; nuestras vidas se han visto beneficiadas de alguna manera o de otra por las decisiones que tomamos al gastarlo. Pero por el amor de Dios, que alguien me explique en qué me beneficia que hoy tenga que tirar a la basura un cuarto de sandía que compré la semana pasada por 1,97 euros y que nadie se ha comido…

 

 

 

 

 

Estamos tirando dinero a la basura. Literalmente. Todos los días algo se nos va por el desagüe (metafóricamente hablado, se entiende, que si no tendríamos que llamar al fontanero). Comida estropeada sobre todo, pero también dinero constante y sonante: todo el que nos gastamos en productos precocinados, marcas “de las buenas”, bollería, patatas fritas, caprichos del kiosco que en lugar de nutrirnos nos engordan. Y como individualmente estas cosas no representan una cantidad elevada, simplemente este gasto nos ha pasado desapercibido… hasta este momento.

 

Advertencia: No me hago responsable de lo que pueda suceder tras la lectura de este artículo. Si luego resulta que empiezan las peleas familiares porque mamá o papá han decidido prescindir de los caprichos e insisten en que la otra parte cumpla con su ídem, a mí no me reclamen, que el que avisa no es traidor.

 

¡Es hora de empezar nuestro Plan Special A !(para el Special K ya vamos un poco tarde, la verdad… que en un mes no vamos a deshacernos de nuestros michelines alimentados con tanto mimo durante el invierno). Vaciemos nuestros bolsillos y nuestros cajones a ver cuántos tickets encontramos. Lo ideal sería contar con todos los tickets del mes, pero unos cuantos nos valen para ilustrar el concepto. Veamos, en tres niveles, por dónde se nos está escapando el dinero.

 

Nivel 1: Sumemos todas las cantidades de las cosas que hayamos comprado y luego no nos hayamos comido (porque se quemó la comida, porque se echó a perder, porque los niños guarrearon y no hubo quien la aprovechara) o se las haya comido otra gente ajena al círculo familiar (cuando hemos tenido invitados, hemos compartido merienda con otras personas, etc). También podríamos agregar lo que hemos gastado en cosas que no hemos usado este mes y que son para el siguiente, pero sólo si lo son en su totalidad (como por ejemplo pañales, detergente… esas cosas que guardamos enteras… que conste que considero que ésa también es una manera de ahorrar, pero para estos cálculos es mejor no tenerla en cuenta), porque lo que nos queda en la nevera y en la despensa para el mes que viene se compensa con lo que nos ha quedado en la nevera del mes anterior, digo yo. Este dinero, simplemente, no debía haberse gastado en un principio según nuestro presupuesto y se puede deducir del total de los gastos para ver lo que nos hubiéramos ahorrado sin ningún esfuerzo, sólo comprando lo necesario y no desperdiciando comida.  Sumar y dar un resultado.

 

Nivel 2: Hay que deducir (a ojo) lo que nos habríamos ahorrado si en lugar de comprar productos “de marca” o “de los buenos” hubiéramos recurrido a las marcas blancas; por ejemplo, en el caso del pan lo tengo claro, el más barato es el del Día, pero no todos los días lo compro ahí (a 40 céntimos la barra contra los 52 de Mercadona o los 68-75 de un horno). No se trata de ser exhaustivos sino de ver qué pasaría si cambiáramos un poco nuestros hábitos de consumo (todavía sin renunciar a ningún producto, sólo sustituyéndolo). Sumar y añadir al primer resultado.

 

Nivel 3: Último y más esclarecedor de los tres. Hay que ir sumando todo lo que sabemos que nos podríamos quitar de los tickets, aunque representara un esfuerzo, pero sin afectar a la calidad de nuestras comidas: cervezas, refrescos, bollería, patatas fritas, en fin, gorrinadas varias que cuestan bastante y no nos nutren precisamente. También productos de cosmética, de bazar y de limpieza que nos han resultado claramente innecesarios. En fin, que ya verán que aquí sí que baja el presupuesto de manera espectacular. Hacer la suma y agregarle las dos cantidades anteriores.

 

¿Cuánto nos da el resultado? ¿Es una cifra golosa? ¿Da para ir al cine, para una sesión en un spa, para una excursión de fin de semana? Pues ya sabemos de lo que nos estamos perdiendo cada vez que gastamos en cosas que no nos vamos a comer, en cosas que no valen lo que cuestan, en cosas que no necesitamos.  ¿A que duele?

 

Pues hala, ya sabemos qué toca este mes que está a punto de empezar.  Junio nos espera con los brazos abiertos y 30 días para gastar (uno menos que mayo, menos mal). Y lo que ahorremos, para vacaciones, que están a la vuelta de la esquina.

Blogroll Link Update