¿Qué pasa, que ahora hay que ser calvo para salir en la tele?
Sí, al calvo de la lotería le dieron puerta, es verdad, pero tuvo curro muchos años. Luego Lobato fue el que dejó a los de Tele 5 compuestos y sin novia para irse a la Sexta pero bien que le sacó rendimiento a su brillante testuz. Y ahora viene este señor alopécico que -respiro aliviada- no sólo me da repelús a mí, sino a una legión de fanáticos que le han dedicado numerosos grupos en el Facebook:

Pobre hombre. Espero que le hayan pagado lo suficiente por el anuncio para que pueda comprarse un peluquín decente y salir a la calle sin miedo a que lo linchen. Eso sí, los del LIDL deben estar contentitos, porque hasta este momento mucha gente ni siquiera sabía que existía este supermercado (salvo por el escándalo del espionaje a sus empleados).
La publicidad tiene su aquello no sólo por el calvo, sino por incidir machaconamente en la relación calidad-precio de sus productos. Los anuncios viejos el LIDL hablaban sólo de super ofertas de productos que nadie conocía y de llenar carros de la compra con sólo 30 euros. Vamos, lo que primaba era el ahorro. Pero ahora, justamente en tiempos de crisis, el anuncio está tratando de convencer a muchos clientes potenciales -a los que ya no les llega para comprar en Carrefour- de que le den una oportunidad al LIDL. Mucho me temo que dicha oportunidad la han perdido ya por la noticia que se ha destapado esta semana sobre la retirada de unos cereales contaminados, pero seguro que confían en que la gente tiene poca memoria…
A mí el LIDL me produce sentimientos encontrados. Me gusta… y me da miedo. Pero no por los cereales ni por el calvo -aunque si se me aparece en los pasillos seguro que grito-, sino porque siempre termino gastándome dinero de más. Y no precisamente en los artículos perecederos -de los que he probado más bien pocos- sino en la sección de bazar, porque suelen tener cosas de esas que te entran por los ojos… y que terminan escondidas en el fondo de un armario.

Cuando vivía en Antequera tenía el LIDL a dos pasos. Al principio iba de vez en cuando y me extrañaba no encontrar las cosas ofertadas en su publicidad hasta que un alma caritativa me explicó que había que estar ahí a la hora de abrir para poder pillar algo. Dicho y hecho: me personé en el local a las 9.15 am… y me encontré diez personas haciendo cola delante mío. Y cuando abrieron las puertas aquello parecía la final de los 100 metros lisos, sin exagerar. Me piqué y volví la semana siguiente, esta vez a las 9 (tenía sólo 2 delante). Aquello se convirtió en una cita ineludible y sin darme cuenta después de un par de meses me encontré comprando cosas "por si acaso" y llenando mi casa de trastos inútiles.
Menos mal que me mudé. Ahora para ir al LIDL tengo que coger el metro hasta Mislata, así que eso hace que me lo piense muy bien antes de ir. Tampoco recibo publicidad en casa, pero estoy suscrita al boletín de ofertas por email y así me entero de qué hay de especial esa semana. A veces las ofertas son bastante tentadoras: 2 paquetes de pañales de su marca blanca por 12 euros -he llegado a comprar 6 paquetes, para que compensase la vuelta- o artículos de calzado y ropa para niños y adultos que no sólo son baratos, sino de muy buena calidad (eso sí, cuidado con las tallas, que los alemanes son muy grandotes y la ropa suele ser más grande de lo normal).

Yo no puedo recomendar sus productos de alimentación porque no los he probado -los que sí los conocen dicen que sus lácteos son especialmente buenos- pero doy fe de que el textil y el calzado son de bastante calidad. Tampoco los regalan, pero salen bien de precio (y además se suelen encontrar cosas novedosas para los niños, como zapatillas de deportes con luces, que molan un montón).
Supongo que a mí la publicidad del calvo no me ha influido, porque seguiré yendo al LIDL con la misma frecuencia (una vez cada dos meses, y siempre buscando algo en concreto), pero a lo mejor hay a quien le pica la curiosidad y se aventura a probar con este supermercado. ¿Quién sabe? En LIDL la ocasión la pintan calva… y con gafas.
Tags: calvo, LIDL, publicidad, ropa, supermercado
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si, el sábado íbamos a por chocolate y terminé gastando 30 euros (casi 18 en un alargador eléctrico para el pueblo)
de todos modos suelo pasarme por las ofertas, aunque a las 9 de la noche ya poco suele quedar, pero los moldes de silicona, y la máquina de coser están más que rentabilizados (para comprar la máquina tocó ir a las 9:20 de la mañana, entrar a correr y abordar la segunda remesa de material, a la salida del almacén) -
Euralia, acabo de contestar a tu pregunta en mi blog.
http://lacocinadeppita.blogspot.com/2009/02/bocadillo-de-emergencia-30-muy-facil-y.html
Que por cierto como te comento, compro la levadura en el Lidl jajajajaja
Sigo tu blog desde el principio y me encanta, y ahora me suscribí por mail, que es lo más fácil y cómodo para no perderme ni una entrada.
Sigue así
Un saludo
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A ver, contra el hombre del anuncio no tengo nada, pobrecillo, pero a mi no me ha hecho que vaya más al LIDL.
Con respecto a que dicen que los lácteos del LIDL son buenos, no es que los haya probado todos ni mucho menos, pero la leche sí que la hemos probado. Resulta que es de Cantabria y está muy buena. Al final nos quedamos con la Nº1 del Carrefour – 0,49€, pero fue un tema de precio, ya que por sabor, ambas están muy buenas. Si en Carrefour no hubieran bajado de precio la suya, ahora estaríamos yendo al LIDL a por la leche y que por cierto creo que ahora la tienen los dos súper al mismo precio.
Una pregunta Ppita, ¿cómo me puedo suscribir por correo-e? Es que tampoco quisiera perderme ninguna entrada.
Saludos.


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