Ahorrar en casa

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Hay algo llamado síndrome del nido en las embarazadas que, según dicen, consiste en que a medida que se acerca la fecha probable de parto nos da por limpiar como locas, lavar ropita una y otra vez, acomodar armarios y limpiar rincones que hacía rato habíamos olvidado que existían. Es un poco para pasar el rato y otro poco para controlar la ansiedad. Con mi hija mayor no me quedó más que pasar por ese trance, porque nos mudamos cuando estaba de 7 meses de embarazo; con la pequeña lo dejé para el último momento y recuerdo haber tenido el pasillo lleno de cajas de ropa y otros triques hasta dos días antes de parir. Vamos, que yo no soy precisamente de ordenar, y si termino haciéndolo es porque no me queda más remedio…

 

 

Pero ahora me ha entrado un síndrome del nido exageradísimo, que me tiene disparada la adrenalina, no me deja dormir por las noches, me trae de cabeza y ocupa buena parte de mis pensamientos… ¡y no estoy hablando de organizar armarios! Es que de pronto, con la panza enorme a manera de bomba de relojería, se nos ha metido la idea a mi marido y a mí de que es el mejor momento para, por fin, comprarnos un piso…

 

 

¡Es que no puedo resistirme a las rebajas! Con el euríbor en sus niveles más bajos, una oferta más que interesante de pisos con precios negociables y la certeza de que ahora es el comprador el que tiene la sarten por el mango (al contrario de hace 5 años, que el vendedor podía pedirte las perlas de la virgen si se le antojaba) nos parece por fin el momento adecuado para lanzarnos a la aventura…y a la esclavitud de cuarenta años de hipoteca.

Eso sí, tampoco es oro todo lo que reluce: los bancos, esos que hace unos años te prestaban para que pagaras la casa, los muebles, la tele de plasma y las vacaciones al Caribe, que han recibido ayudas del gobierno para que puedan conceder créditos, han cerrado el grifo. Y de qué manera. Porque yo puedo entender -y de hecho, aplaudo la medida aunque llegue ya demasiado tarde para aquellos que ahora mismo viven con el agua al cuello- que no se preste a los que tienen que destinar más del 35 por ciento de sus ingresos a la compra de un piso.  Pero ahora es que tienes que aportar más garantías que nunca para pedir dinero (y encima, tener ahorros). Y eso que ellos nunca pierden; la famosa cláusula suelo (que muchos consideran ilegal) les ha borrado la sonrisa de la cara a más de un hipotecado que creía que con el euríbor tan bajo iba a volver a respirar…

 

 

Tengo que decir que llevamos 11 años de alquiler, y nos han sido bastante provechosos. No considero que hayamos "tirado el dinero", como muchos dicen; de hecho, el no haber tenido sitio fijo para residir nos salvó de meternos en una hipoteca imposible en la época del boom… y de haber pagado, en intereses, lo que hemos invertido en todos nuestros años de alquiler. Además, con la familia consolidada y después de haber vivido en 4 pisos distintos, ya sé qué quiero, cómo lo quiero, y cómo no lo quiero. Y eso vale un montón en dinero y en esfuerzo ahorrado…

Así que llevo un par de meses empapándome de todo este mundillo de la compra venta de pisos, he aprendido lo que es una ventana oscilobatiente, a distinguir el gres del terrazo, a que cuando dicen "piso con muchas posibilidades" es que está hecho un desastre, y que ya no se dice que un piso está "para reformar" sino que está "para actualizar". Y a que la mayoría de los propietarios exagera el tamaño de su piso en los anuncios para que la ratio euros/m2 le salga más favorable…

 

Como sea, tampoco se trata de salir corriendo a comprar por comprar, porque muchos expertos aseguran que los precios no están mal del todo, pero que todavía tienen que bajar más. Yo personalmente así lo creo también, y no es sólo un deseo, sino una intuición; no me cuadra que un piso que ayer costaba 200 mil hoy cueste 170 mil por obra y gracia del propietario (y cuando digo ayer, digo ayer sábado; y cuando digo hoy, digo hoy domingo… no es una figura retórica); es que ese piso en principio no valía lo que pedían por él, y punto. Que nadie está por la labor de "regalar" 30 mil euros porque sí…

De cualquier manera, nuestra tentación de comprar antes de que llegue el momento de máximas bajadas acaba de ser aplacada por algo que descubrí hace unos cuantos días: que en el momento de nacer y convertirnos en familia numerosa en la Comunidad Valenciana, nuestra churumbelita traerá consigo de regalo un descuento bastante jugoso en dos impuestos obligatorios cuando compras un piso: el IVA (pasa del 7 al 4 %) y en el IAJD (del 1 al 0,1 %).  Parece poca cosa, pero cuando hay tanta pasta en juego, esas rebajas se traducen en varios miles de euros. Y a eso sí que no pienso renunciar… para las pocas ayudas que se dan a las familias numerosas en España, no es cuestión de dejarlas pasar por dos o tres mesesitos de nada…

En el fondo agradezco tener una razón tan objetiva para esperar, porque de seguir así, habríamos comprado un piso antes de tener la bolsa para el hospital preparada. Y aunque hemos tenido mudanzas complicadas, no me imagino yo nada peor que romper aguas mientras intentamos poner los electrodomésticos en funcionamiento, o regresar con la niña en brazos y no tener una silla libre entre tantas cajas para poderme sentar…

 

 

Venga,  que me voy a preparar la canastilla, no vaya a ser que la cigüeña quiera aprovechar ya la bajada de los precios…

 

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Literalmente. Ahora nos salen con que la CNE quiere aumentar la factura de la luz un 31 por ciento en enero. Aunque bien nos han explicado los expertos que ésta no es más que una truculenta estrategia para que cuando el aumento real se situe en torno al 7 por ciento nos sintamos aliviados más que agraviados, la noticia no deja de ser preocupante. ¡Pero si ya nos han aumentado la luz en verano, en torno al 6-7 por ciento también! Como sigamos así nos va a tocar sacar los candelabros para las fiestas Navideñas y seguirlos utilizando en lugar de encender las bombillas el resto del año…

Lo malo es que con una vela no podemos encender el ordenador, ni el lavavajillas, ni la tele… así que algo tendremos que hacer para no quedarnos a oscuras y sin entretenimiento (a menos que decidamos aprovechar estas circunstancias para ir a por los 2500 euros por nacimiento, jejeje).

¿Qué hacemos? A mí se me ocurre lo siguiente (no es que vaya a contarles una novedad, pero aprovecho para poner en orden mis ideas para poderlas compartir):

1. Si todavía no hemos cambiado nuestras viejas bombillas por unas de bajo consumo, ¿a qué estamos esperando? Lo que siempre nos echa para atrás es el precio, pero a veces se consiguen buenas ofertas que hacen que compense aún más el desembolso inicial. Yo compré las mías en junio en el Dia por 2,69 euros cada una (las que no son de marca blanca cuestan entre 5-7 euros). A mí me van fenomenal, casi no he notado el subidón del verano en la factura y además alumbran más que las otras.

2. Aunque sean de bajo consumo, no hay que pasarse con el uso de las bombillas. En principio no está de más seguir la máxima “una luz por persona”: no se vale tener encendidas cinco luces en una casa donde sólo hay tres miembros (no nos vaya a pasar lo del moribundo del chiste, ése que después de preguntar si toda su familia está alrededor de su lecho reclama “y si todo mundo está aquí… ¿por qué están encendidas las luces del comedor?”)

Fuente: Roc21

3. Por favor, por favor, por favor, no usemos la lavadora y el lavavajillas para cuatro cositas de nada. De verdad, si ya vamos a utilizar una cierta cantidad de energía para ponerlos en marcha -eso por no hablar del agua y del detergente que se gastan- lo mínimo que podemos intentar es “aprovechar el viaje” y llenarlas hasta el tope de su capacidad.

4. Que no se nos olvide que los aparatos electrónicos siguen consumiendo energía si los dejamos en “stand by” (con el pilotito rojo encendido). Hay electrodomésticos que no pueden desconectarse (como la nevera, por ejemplo), pero la tele, el vídeo, el DVD y el ordenador sí. Si nos da pereza desenchufarlos, siempre podemos poner una regleta de esas de botoncito que nos sirve para interrumpir el paso de la corriente para cuatro o cinco aparatos a la vez.

5. Ahora que llega el invierno no hay que pasarnos con la calefacción. No se trata de ir en mangas de camisa dentro de casa, que cada grado que aumentamos la temperatura dispara nuestras facturas de manera notable. Mucho mejor si vamos con nuestro jersey, nuestra mantita y nos damos mucho calorcito humano, que es gratis y además nos hace sentir más felices (eso sí, unos calcetines gordos para dormir, que los pies helados en nuestro compañero de cama pueden convertirse en una tortura china).

6. Perdámosle el miedo al silencio. No hay necesidad de tener encendida la tele ni la radio para que nos haga compañía… si estamos escuchando a Ana Rosa y a Paquirrín no nos podemos oír a nosotros mismos. Planchar una pila de ropa -toda de un tirón para aprovechar la energía, ya que estamos- en silencio nos proporciona una hora de paz para organizar mentalmente nuestros menús, pensar en el regalo de Navidad de nuestra pareja, meditar acerca de una decisión que debemos tomar, o quién saber, empezar a darle forma a la fantástica idea que nos hará millonarios, jejejeje…

Y si después de seguir todos estos consejos la cuesta de enero nos pilla otra vez a dos velas… pues por lo menos podríamos aprovecharlas para montarnos una cenita romántica, jajaja… Lo dicho: el que no se consuela es porque no quiere.

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Vamos a ponernos serios aunque sea una vez al mes (cosa que por otra parte no es difícil si todavía no llega el fin de mes). Hace ya algún tiempo que dejé por aquí una encuesta de gasto familiar en la que hacía algunas recomendaciones para ahorrar. Bien, llegó el momento de sacar conclusiones a partir de nuestros tickets (que bastante esfuerzo nos ha costado juntarlos, ¿a que sí?) A continuación, 10 preguntas que hacen balance de nuestros resultados y que pueden ayudarnos a moderar el gasto y a atacar esos puntos débiles que se están merendando nuestro presupuesto…
1. ¿Has seguido el registro de los gastos con exactitud? ¿Durante cuánto tiempo? Sí, durante un mes.
2. ¿Has detectado tus “agujeros negros” por donde se colaba gran parte de tu dinero? Sí. Eran la cocacola (que gastaba entre 40 y 60 euros al mes), las meriendas fuera de casa (a veces hasta 3 euros diarios, un pastón), y la acumulación de alimentos “por si acaso” (terminaba tirando comida que se estropeaba por no utilizarla a tiempo).
3. ¿Has encontrado la manera de “tapar” esos agujeros? Sí. He reducido el consumo de cocacola muchísimo, quizás sólo 2 o 3 por semana, y a demás, del Dia, que cuestan 17 céntimos la lata en lugar de 45; he dejado de comprar cosas en los hornos (empanadas, bollos) y me los hago yo (más baratos y más ricos); voy a comprar con una lista y no tiro casi nada, voy reciclando todo lo que queda.
4. ¿Cuál es el cambio más significativo que has hecho para ahorrar? Dejar de comprarlo todo en el Mercadona. Voy primero al Día y ahí cojo todo lo que puedo, y el resto en Mercadona. Se nota un montón. Y me he vuelto más ecológica, porque como me cobran las bolsas… pues las llevo de mi casa.
5. ¿Cuál ha sido el cambio que más te ha costado? El de resistirme a llevarme cosas “para tener en casa”, el ceñirme a una lista y sentirme un poco/bastante pobre por no poder comprar todo lo que quiero.
6. ¿Cuál ha sido el cambio que menos te ha costado? El de cambiar a otros productos, más baratos (de hecho, casi me gustan más los lácteos del Dia).
7. ¿Cuál ha sido el descubrimiento económico del mes? El textil del Día. Le he comprado unos chándals a la mayor muy baratos, y de momento muy bien. Además, todo lo que se puede hacer con un pollo. Ah, y que a veces menos es más. Que menos cantidad de producto a un precio más alto puede resultar más económico que un gran paquete de un producto que al final no voy a consumir. Por ejemplo… si ya sé que no me acabo un paquete grande zanahorias que me cuesta 1 euro, pero hay unas zanahorias que cuestan 75 céntimos aunque sean muchas menos… pues no estoy perdiendo dinero, sino ganando 25 céntimos y no generando más basura.
8. ¿Cuál ha sido el descubrimiento “filosófico” del mes? Que se puede vivir con muchísimo menos. Que se puede ir ajustando poco a poco el presupuesto a nuestra necesidad… que no se necesita perder demasiado confort para ahorrar, a veces pequeños cambios hacen un gran cambio… y que es bueno tener este descubrimiento porque los tiempos están muy chungos y a lo mejor necesitaremos apretarnos el cinturón todavía más…
9. ¿Cómo has ahorrado en casa? Ahora sí apago el calentador del agua entre uso y uso. Intento apagar luces que no estoy utilizando en ese momento. Ah, y estoy dejando de ser demasiado generosa con los productos de limpieza… un tapón de detergente y nada más, el del lavavajillas lo mismo, sin pasarme, la ropa que se pueda “reciclar” (que no esté demasiado sucia) se vuelve a poner.
10.¿Cuánto llevas ahorrado en monedas de 2 euros? 10 euros

Venga, anímense a contestar. Zapatero, Rajoy y hasta Luis Aragonés se han atrevido, y estoy segura de que aquí por lo menos sí nos acordamos de cuánto cuesta un cortado, aunque hace rato que hayamos renunciado a él para ahorrarnos un dinerito…

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Tanto fútbol en junio nos ha dejado turulatos, la verdad. Estos días parecía que no había crisis (bueno, ni desaceleración económica, ni dificultades objetivas, ni cualquier otro eufemismo para designar este período que se caracteriza por no llegar a fin de mes aunque acabemos de cobrar la nómina), la cerveza ha corrido a raudales y todos estábamos muy contentos (bueno, a mí ni fu ni fa, que a mí me interesa el fútbol lo mismo que el ciclo de reproducción de las amebas. Bueno, pensándolo bien, lo de las amebas puede tener su morbo…) En fin, que mal que bien la Selección se trajo la Eurocopa al grito de “Podemos” (alguien se habrá quejado del cavernícola “A por ellos” de la vez pasada…), así que a nosotros ahora con la resaca de la celebración nos tocara hacer lo mismo: mucho lavado de cerebro y mucha estrategia para sobrevivir a la crisis…

Recemos a quien sepamos y encomendémos al santo de nuestra devoción: Santa Austeridad, Santa Marca Blanca, San Seacabaron Lasterracitas, San Cinturón Apretado… (casi cualquiera nos vale, salvo San Gastón) porque este mes de julio que asoma la patita viene muy cargadito de malas noticias económicas…

!Sí, sí podemos!

…con la subida del Euríbor y de los tipos de interés (gulp!)

…con el aumento de entre el 6 y el 7 por ciento en la factura de la luz (que Dios hizo la luz sin cobrar, pero vinieron otros a poner contadores al séptimo día, aprovechando que libraba)

…con la subida imparable de los precios de los alimentos básicos

…con la llegada de las vacaciones, y con ella, de los gastos extra que se comerán toda la paga ídem?

¿Lograremos alcanzar el día 8 (para, por lo menos, llegar a cuartos como siempre ha hecho la Selección)? ¿Al día 15? ¿Nos habremos comido el presupuesto del mes antes del 22? ¿Podremos jugar “la final” el día 31 de julio? ¿Haremos como Iker para parar todos los gastos innecesarios que se nos quieran colar este mes? Demasiadas interrogantes y 31 días todavía para despejarlas. Hagan sus apuestas, señores, y cuenten aquí qué es lo que tienen planeado para sobrevivir a este mes de julio…

Yo por mi parte me voy del país. Así aunque me suban la luz no se notará mucho en la factura, porque me dejaré todas las luces apagadas… bueno, eso, y que pienso comer de gorra en casa de mi madre.

Y tú, ¿qué vas a hacer para llegar a la final?

He descartado completamente la idea de hacerme rica. Me duele el corazón (y el codo, como decimos en México) gastarme 2 euros en una primitiva; en Navidad el único décimo que compramos es el del trabajo de mi marido, más que nada para que no se nos quede la cara de tontos si acaso toca algo. Podría poner un negocio, aunque no sé si decidirme entre un gimnasio (que sólo tendría que abrir enero y septiembre, los meses en que todos nos apuntamos) o un kiosco (que atendería también en esos meses, en los que salen los primeros ejemplares de los coleccionables). Pero no, no aspiro a ser rica. Me conformo –de verdad- con que me devuelvan todo lo que no debería haberme gastado…

 

Todos hemos tenido gastos “no prioritarios”, de esos que duelen, y que seguimos recordando durante mucho tiempo. La fianza del piso en Arizona que se quedó mi casera porque rompí el contrato para venirme a España (500 dólares); los 170 euros de un billete a Tenerife que mi marido no utilizó durante el proceso de oposiciones hace 3 años; los 260 euros que me gasté en los exámenes de homologación del título que, a pesar de lo que mi madre dice, no tengo colgado en la cocina. Y sin embargo, los años nos han demostrado que ese dinero más que una pérdida ha sido una inversión; nuestras vidas se han visto beneficiadas de alguna manera o de otra por las decisiones que tomamos al gastarlo. Pero por el amor de Dios, que alguien me explique en qué me beneficia que hoy tenga que tirar a la basura un cuarto de sandía que compré la semana pasada por 1,97 euros y que nadie se ha comido…

 

 

 

 

 

Estamos tirando dinero a la basura. Literalmente. Todos los días algo se nos va por el desagüe (metafóricamente hablado, se entiende, que si no tendríamos que llamar al fontanero). Comida estropeada sobre todo, pero también dinero constante y sonante: todo el que nos gastamos en productos precocinados, marcas “de las buenas”, bollería, patatas fritas, caprichos del kiosco que en lugar de nutrirnos nos engordan. Y como individualmente estas cosas no representan una cantidad elevada, simplemente este gasto nos ha pasado desapercibido… hasta este momento.

 

Advertencia: No me hago responsable de lo que pueda suceder tras la lectura de este artículo. Si luego resulta que empiezan las peleas familiares porque mamá o papá han decidido prescindir de los caprichos e insisten en que la otra parte cumpla con su ídem, a mí no me reclamen, que el que avisa no es traidor.

 

¡Es hora de empezar nuestro Plan Special A !(para el Special K ya vamos un poco tarde, la verdad… que en un mes no vamos a deshacernos de nuestros michelines alimentados con tanto mimo durante el invierno). Vaciemos nuestros bolsillos y nuestros cajones a ver cuántos tickets encontramos. Lo ideal sería contar con todos los tickets del mes, pero unos cuantos nos valen para ilustrar el concepto. Veamos, en tres niveles, por dónde se nos está escapando el dinero.

 

Nivel 1: Sumemos todas las cantidades de las cosas que hayamos comprado y luego no nos hayamos comido (porque se quemó la comida, porque se echó a perder, porque los niños guarrearon y no hubo quien la aprovechara) o se las haya comido otra gente ajena al círculo familiar (cuando hemos tenido invitados, hemos compartido merienda con otras personas, etc). También podríamos agregar lo que hemos gastado en cosas que no hemos usado este mes y que son para el siguiente, pero sólo si lo son en su totalidad (como por ejemplo pañales, detergente… esas cosas que guardamos enteras… que conste que considero que ésa también es una manera de ahorrar, pero para estos cálculos es mejor no tenerla en cuenta), porque lo que nos queda en la nevera y en la despensa para el mes que viene se compensa con lo que nos ha quedado en la nevera del mes anterior, digo yo. Este dinero, simplemente, no debía haberse gastado en un principio según nuestro presupuesto y se puede deducir del total de los gastos para ver lo que nos hubiéramos ahorrado sin ningún esfuerzo, sólo comprando lo necesario y no desperdiciando comida.  Sumar y dar un resultado.

 

Nivel 2: Hay que deducir (a ojo) lo que nos habríamos ahorrado si en lugar de comprar productos “de marca” o “de los buenos” hubiéramos recurrido a las marcas blancas; por ejemplo, en el caso del pan lo tengo claro, el más barato es el del Día, pero no todos los días lo compro ahí (a 40 céntimos la barra contra los 52 de Mercadona o los 68-75 de un horno). No se trata de ser exhaustivos sino de ver qué pasaría si cambiáramos un poco nuestros hábitos de consumo (todavía sin renunciar a ningún producto, sólo sustituyéndolo). Sumar y añadir al primer resultado.

 

Nivel 3: Último y más esclarecedor de los tres. Hay que ir sumando todo lo que sabemos que nos podríamos quitar de los tickets, aunque representara un esfuerzo, pero sin afectar a la calidad de nuestras comidas: cervezas, refrescos, bollería, patatas fritas, en fin, gorrinadas varias que cuestan bastante y no nos nutren precisamente. También productos de cosmética, de bazar y de limpieza que nos han resultado claramente innecesarios. En fin, que ya verán que aquí sí que baja el presupuesto de manera espectacular. Hacer la suma y agregarle las dos cantidades anteriores.

 

¿Cuánto nos da el resultado? ¿Es una cifra golosa? ¿Da para ir al cine, para una sesión en un spa, para una excursión de fin de semana? Pues ya sabemos de lo que nos estamos perdiendo cada vez que gastamos en cosas que no nos vamos a comer, en cosas que no valen lo que cuestan, en cosas que no necesitamos.  ¿A que duele?

 

Pues hala, ya sabemos qué toca este mes que está a punto de empezar.  Junio nos espera con los brazos abiertos y 30 días para gastar (uno menos que mayo, menos mal). Y lo que ahorremos, para vacaciones, que están a la vuelta de la esquina.

Consumimos demasiado, todo el tiempo, muchas cosas, en gran cantidad.

La prueba de esta temeraria afirmación es que siempre nos sobra. Si estuviéramos consumiendo lo necesario, no tendríamos sobrantes. De eso sabía bien mi madre, que, con cinco hijos, estaba segura de que no habría nada que tirar en el fondo de la cazuela después de la comida…

¿Por qué no nos adelantamos al desperdicio? ¿Y si en lugar de tirarlo sin consumirlo directamente no lo consumimos? Puede parecer muy complicado, pero no se trata de renunciar a todo, sino sólo a “un poquito”.

 

 

Yo creo firmemente que gastar “un poquito menos” hace una gran diferencia. No creo que represente un gran esfuerzo para nosotros y supongo que se va a notar.
- Un cafelito (o una merienda fuera de casa) menos esta semana
- Un filete un poco más pequeño de lo normal
- Un poquito menos de detergente en la lavadora (reconozcámoslo, toodas le ponemos más de lo que dicen las botellas).
- Un poquito menos de uso de ordenador, televisión, luces en general por la casa.
- (En mi caso): una coca cola menos de las que me tomo diarias (que pueden ser 3)
- Un poco menos de aceite para cocinar
- Frutas y verduras un poco más pequeñas (y quizás un poco menos “perfectas” de lo que acostumbramos)

Etcétera. Ésa es la idea. Son esfuerzos pequeñitos. Yo lo voy a poner en funcionamiento mañana, y al final de mes contaré los resultados… (y seguro que además de ahorrar, perdemos peso, jejejeje).

Ahora me estoy acordando de algunos trucos para ahorrar más dinero, que no sé donde leí pero ahí van:

1) El ahorro es primero. Cuando llegue la nómina, se aparta primero lo que se tiene reservado a los ahorros (se dice que una buena cantidad es un 10 por ciento, pero en estos tiempos cualquier cosa es buena, aunque sean 30 euros) y se mete en una cuenta aparte de la corriente. Es que si lo dejamos para el final luego no queda nada, comprobado. Así siempre hay un ahorro garantizado. Esto funciona muy bien, la clave es imaginarnos que ese dinero no existe (por ejemplo: ganamos 1500, ahorramos 100… pues ya no ganamos 1500 sino 1400, y hacemos nuestro presupuesto sobre 1400).

 

2) Hay que gastar en efectivo. Con tarjeta de crédito siempre gastamos más. Siempre (creo que se calcula un 30 por ciento). Con la tarjeta de crédito no nos damos cuenta de cuánto queda, es un pozo sin fondo. Con el efectivo siempre sabemos cuanto queda, y nos podemos moderar en el gasto (dicen que es porque “nos duele” gastarnos un billete). Un consejo personal: pagar una parte con tarjeta de débito (porque es más cómodo hacerlo con una tarjeta para grandes cantidades, por ejemplo para la compra grande del super, la zapatería, la tienda de ropa), y llevar efectivo para gastos pequeños (frutería, pan, chinos). Intentar hacer pocas compras con tarjeta, para recordar cuánto realmente nos estamos gastando. Eso sí, no hay que olvidarse de que en algunos supermercados (Dia y LIDL, que yo sepa) exigen un gasto mínimo para el uso de tarjeta, o sea que si somos consumidores habituales deberíamos llevar siempre un billetito de 5 o de 10 para no vernos obligados a comprar lo que realmente no necesitamos para completar la cantidad mínima.
3) Gastar el efectivo de menos a más. O lo que es lo mismo, dejar los billetes como último recurso. Ir gastando los centavitos, porque así “duele más” gastarse el billete grande, y nos moderamos en la compra. Parece muy infantil, pero funciona.
4) Guardar monedas de dos euros. Esta me la enseñó mi mamá. Ella guardaba billetes de 20 pesos. Es decir, si se los daban de cambio iban a dar a un sobrecito, que era el que se usaba para las emergencias (o para un capricho). No hay demasiadas monedas de 2 euros, así que si cae alguna en nuestras manos, la apartamos y la ponemos en un bote. Y al bote le ponemos fecha de caducidad (Navidad, cumpleaños, etc), para motivarnos.

 

Empezar por el principio: cuánto tengo, cuánto gasto

Antes que nada hay que distinguir entre los gastos fijos (impepinables), los variables y los flexibles. Los fijos: alquiler/hipoteca, coche, préstamos personales,etc. Los variables: luz, agua, teléfono, gas (varían poco, pero
se pueden ajustar) y los flexibles (alimentación, vestido, ocio).

Normalmente no podemos hacer gran cosa para cambiar los fijos (o mejor dicho, hay que hacer GRAN COSA para cambiarlos, como mudarse, vender el coche, etc), o sea que casi que no nos metemos ahí (de momento…)

Lo segundo es plantearse si los gastos variables se pueden reducir: luces apagadas, menos servicios de internet/tele, cocina alternativa en microondas para gastar menos gas y duchas en lugar de baños (o baños colectivos, como en mi casa con las niñas).

Lo tercero es “atacar” la parte destinada a la alimentación/vestido/ocio,
que es normalmente la que se lleva un pellizco muy gordo del presupuesto y que es en donde más se puede ahorrar (por las diferencias tan abismales entre tiendas). Ésta es mi especialidad, aunque no estoy muy actualizada… me estoy poniendo al día de precios de tiendas para poder ir de “cacería”
en condiciones…jejejeje).

Bueno, con respecto a este tercer punto a continuación propongo la siguiente encuesta para irnos conociendo “financieramente” y para ver si nuestro presupuesto familiar es o no razonable.

Para contestar a esta encuesta no hace falta someterse al polígrafo: no es un interrogatorio, sino un sondeo para ver por dónde andan los tiros (o mejor, dicho, por dónde se nos van los cuartos). Partiremos de ella para comenzar a hacer cambios en nuestros hábitos, tantos como queramos o con lo que nos sintamos cómodos, que tampoco se trata de sufrir innecesariamente…

 Y, eso sí, les propongo que a partir del mes que viene juntemos los tickets: tal cual nos los dan, al llegar a casa, deberíamos ponerlos en una caja, o en una bolsa de ésas de congelación que tienen cremallera; también es buena idea apuntar en una libreta todos los gastos que tenemos cada día para que no se nos olviden (sobre todo si no tenemos ticket, como en el caso del pan, las chuches, el periódico…)

Las sorpresas están garantizadas, porque nuestra percepción del consumo rara vez coincide con la realidad…

 

 Encuesta de consumo/alimentación familiar

No. de miembros en la familia: 2 adultos 1 niño 1 bebé (como en
los aviones)
Zona de residencia: Valencia (ciudad, más de 500,000 habitantes)
Oferta de mercados, hipermercados, tiendas: Abundante. Hay todo tipo de cadenas, más algunos mercados (Jesús, Central, etc) y mercadillos.
Días a la semana que vas a comprar: por lo menos 5 veces a la semana.
Establecimiento preferido: Mercadona, aunque me estoy pasando al Día,
que es más barato.
¿Compras marcas blancas? (marca Dia, marca Hacendado-Mercadona, etc)
Sí. Proporción: un 50-60 por ciento de la compra.
¿Compras regularmente (más de 4 veces por semana) productos congelados/precocinados?: Sí: cebolla, ajo, masa de hojaldre, empanadillas.
¿Cuántos desayunos, comidas y cenas se preparan (normalmente)
en tu casa a la semana?:
7, 7 y 7. Y además las niñas meriendan.
¿Cuántas veces sales a comer fuera de casa?: una vez al mes, si tenemos suerte, y si hay algo que festejar (aniversario, cumpleaños, etc).
¿A qué tipo de establecimiento vas a comer fuera: bar, restaurante elegante, comida rápida?: Comida rápida, normalmente china. ¿Gasto promedio? 20-25 euros.
¿Hay algún producto que sepas que se está “chupando”parte de tu presupuesto y al que te sea muy dificil renunciar? Sí, a la cocacola, pero es que mi caso es adictivo porque soy de 4 botes al día. Desde hace 10 días o así me tomo una cada 3, 4 días (o sea que me he tomado 3, creo…)
¿Cuál dirías que es tu presupuesto mensual (aproximado para alimentación (para el súper en general, incluidos productos de droguería y limpieza? (¿O no tienes ni idea?) Pues la última vez que tuve cuidado en controlarlo estaba entre 500-550.

Pues eso, aquí los espero… con los tickets en la mano.

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