Habrán oído estos días en la tele esta historia de Navidad un poco ñoña, ciertamente sorprendente e increíblemente atractiva para los medios de comunicación: gracias a una incautación de un contrabando de caviar, algunos pobres de Italia podrán disfrutar de este suculento manjar por primera -y se entiende que última- vez en su vida. Y no sólo eso, sino que se pondrán las botas (si se comparan sus 120 gramos por persona con las escuálidas raciones de los restaurantes de lujo, se entiende).
Yo sé que la intención ha sido buena y por eso no quiero moverle mucho al agua, pero se me ocurre que quizás se hubiera sacado más beneficio si en lugar de darles un platito minúsculo de huevas negras de pescado que muchos mirarán con indiferencia o quizás hasta con asco se hubiera subastado el caviar al mejor postor para donar ese dinero a los pobres. O mejor aún: que se hubiera hecho un programa denominado ”Caviar por Alimentos” en donde los restaurantes receptores de esta carísima materia prima se comprometieran a alimentar de forma más contundente a cierto número de personas durante una larga temporada, porque el caviar puede que sea delicioso -yo no digo ni sí ni no, nunca lo he probado-, pero no llena la barriga como un buen plato de tallarines con salsa boloñesa.
Aquí en España con eso de la tan llevada y traída crisis lo primero que se cae de la lista de la compra navideña es el marisco, quizás porque la gente cree que tiene poca chicha para lo que se paga por él. Y no digo que no, pero siempre y cuando no se pidan gambas XXL, angulas o langosta la compra de marisco puede resultar una buena inversión: dale dos nécoras a tus comensales y los tendrás entretenidos diez minutos… lo justo para que se les vaya aplacando el hambre y no lleguen como lobos famélicos al cordero o al cochinillo, que no es por nada pero tampoco son productos baratitos.
¿Qué vamos a cenar estas Navidades? La Cadena Ser ha convocado un concurso de “Menús para una Navidad en crisis” cuyo plazo ya ha finalizado, pero mientras se dan a conocer los ganadores de aquí podemos coger prestadas algunas ideas para cenar como reyes aunque nuestro sueldo sea de humildes plebeyos.
Aún así, si el presupuesto no da ni siquiera para unas gambas de ésas de 9 euros el kilo de Mercadona, siempre nos quedará el recurso del humor, la creatividad y del muchomorrismo, como puede verse en las siguientes fotografías que me ha hecho llegar mi amiga Clara, de Galicia:



¡Una Navidad sin marisco no es Navidad, jejejeje! Eso sí, ya que los pobres cenarán caviar… ¿no podría éste ser el marisco que se encontraran en su mesa los dueños de los bancos, los miembros del G-8, y los multimillonarios? Digo yo, para que el universo no quedara descompensado…
¡Felices fiestas!

