euríbor

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Hay algo llamado síndrome del nido en las embarazadas que, según dicen, consiste en que a medida que se acerca la fecha probable de parto nos da por limpiar como locas, lavar ropita una y otra vez, acomodar armarios y limpiar rincones que hacía rato habíamos olvidado que existían. Es un poco para pasar el rato y otro poco para controlar la ansiedad. Con mi hija mayor no me quedó más que pasar por ese trance, porque nos mudamos cuando estaba de 7 meses de embarazo; con la pequeña lo dejé para el último momento y recuerdo haber tenido el pasillo lleno de cajas de ropa y otros triques hasta dos días antes de parir. Vamos, que yo no soy precisamente de ordenar, y si termino haciéndolo es porque no me queda más remedio…

 

 

Pero ahora me ha entrado un síndrome del nido exageradísimo, que me tiene disparada la adrenalina, no me deja dormir por las noches, me trae de cabeza y ocupa buena parte de mis pensamientos… ¡y no estoy hablando de organizar armarios! Es que de pronto, con la panza enorme a manera de bomba de relojería, se nos ha metido la idea a mi marido y a mí de que es el mejor momento para, por fin, comprarnos un piso…

 

 

¡Es que no puedo resistirme a las rebajas! Con el euríbor en sus niveles más bajos, una oferta más que interesante de pisos con precios negociables y la certeza de que ahora es el comprador el que tiene la sarten por el mango (al contrario de hace 5 años, que el vendedor podía pedirte las perlas de la virgen si se le antojaba) nos parece por fin el momento adecuado para lanzarnos a la aventura…y a la esclavitud de cuarenta años de hipoteca.

Eso sí, tampoco es oro todo lo que reluce: los bancos, esos que hace unos años te prestaban para que pagaras la casa, los muebles, la tele de plasma y las vacaciones al Caribe, que han recibido ayudas del gobierno para que puedan conceder créditos, han cerrado el grifo. Y de qué manera. Porque yo puedo entender -y de hecho, aplaudo la medida aunque llegue ya demasiado tarde para aquellos que ahora mismo viven con el agua al cuello- que no se preste a los que tienen que destinar más del 35 por ciento de sus ingresos a la compra de un piso.  Pero ahora es que tienes que aportar más garantías que nunca para pedir dinero (y encima, tener ahorros). Y eso que ellos nunca pierden; la famosa cláusula suelo (que muchos consideran ilegal) les ha borrado la sonrisa de la cara a más de un hipotecado que creía que con el euríbor tan bajo iba a volver a respirar…

 

 

Tengo que decir que llevamos 11 años de alquiler, y nos han sido bastante provechosos. No considero que hayamos "tirado el dinero", como muchos dicen; de hecho, el no haber tenido sitio fijo para residir nos salvó de meternos en una hipoteca imposible en la época del boom… y de haber pagado, en intereses, lo que hemos invertido en todos nuestros años de alquiler. Además, con la familia consolidada y después de haber vivido en 4 pisos distintos, ya sé qué quiero, cómo lo quiero, y cómo no lo quiero. Y eso vale un montón en dinero y en esfuerzo ahorrado…

Así que llevo un par de meses empapándome de todo este mundillo de la compra venta de pisos, he aprendido lo que es una ventana oscilobatiente, a distinguir el gres del terrazo, a que cuando dicen "piso con muchas posibilidades" es que está hecho un desastre, y que ya no se dice que un piso está "para reformar" sino que está "para actualizar". Y a que la mayoría de los propietarios exagera el tamaño de su piso en los anuncios para que la ratio euros/m2 le salga más favorable…

 

Como sea, tampoco se trata de salir corriendo a comprar por comprar, porque muchos expertos aseguran que los precios no están mal del todo, pero que todavía tienen que bajar más. Yo personalmente así lo creo también, y no es sólo un deseo, sino una intuición; no me cuadra que un piso que ayer costaba 200 mil hoy cueste 170 mil por obra y gracia del propietario (y cuando digo ayer, digo ayer sábado; y cuando digo hoy, digo hoy domingo… no es una figura retórica); es que ese piso en principio no valía lo que pedían por él, y punto. Que nadie está por la labor de "regalar" 30 mil euros porque sí…

De cualquier manera, nuestra tentación de comprar antes de que llegue el momento de máximas bajadas acaba de ser aplacada por algo que descubrí hace unos cuantos días: que en el momento de nacer y convertirnos en familia numerosa en la Comunidad Valenciana, nuestra churumbelita traerá consigo de regalo un descuento bastante jugoso en dos impuestos obligatorios cuando compras un piso: el IVA (pasa del 7 al 4 %) y en el IAJD (del 1 al 0,1 %).  Parece poca cosa, pero cuando hay tanta pasta en juego, esas rebajas se traducen en varios miles de euros. Y a eso sí que no pienso renunciar… para las pocas ayudas que se dan a las familias numerosas en España, no es cuestión de dejarlas pasar por dos o tres mesesitos de nada…

En el fondo agradezco tener una razón tan objetiva para esperar, porque de seguir así, habríamos comprado un piso antes de tener la bolsa para el hospital preparada. Y aunque hemos tenido mudanzas complicadas, no me imagino yo nada peor que romper aguas mientras intentamos poner los electrodomésticos en funcionamiento, o regresar con la niña en brazos y no tener una silla libre entre tantas cajas para poderme sentar…

 

 

Venga,  que me voy a preparar la canastilla, no vaya a ser que la cigüeña quiera aprovechar ya la bajada de los precios…

 

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