hierro

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 ¡No hay nada como anunciar un embarazo para llenar de felicidad a un montón de gente! En el mismo momento en que las náuseas, el cansancio y las ganas constantes de hacer pis nos convencen de que esta vez sí es la buena y de que por fin hemos ganado la lotería de El Niño -aunque sea verano- empieza a lucir la sonrisa en los rostros de los orgullosos futuros padres, los abuelos, los tíos, los amigos… pero también para los dueños de pruebas de embarazo, las multinacionales farmacéuticas, las compañías de seguros médicos, los fabricantes de ropa premamá, los ecógrafos de 4D, las marcas más prestigiosas de cremas antiestrías… y todo eso con el bebé dentro, que cuando sale ya hay una multitud de empresas frotándose las manos listas para unirse a la fiesta…

 

 

Maquinitas de gastar con patas y un barrigón de miedo, eso es lo que somos para todos ellos. Y vamos y picamos todas, especialmente si somos primerizas. Nos hacen creer que necesitamos mucho más de lo que necesitamos: no un producto genérico, sino el producto que ellos publicitan, que para eso se han gastado mucha pasta en anuncios en donde nos llaman poco menos que malas madres si se nos ocurre escatimar en gastos durante la gestación y después de ella.

 

¿Un poquito embarazada?

Ni poquito ni mucho, embarazada y punto, que en esto no hay término medio. Entonces, ¿por qué tenemos que irnos a comprar el Predictor o el Clear Blue de las narices cuando hay sucedáneos que cuestan la mitad? Sí, seguramente si sólo ha pasado un día desde la fecha supuesta de la regla esas pruebas tengan más fiabilidad, pero ¿qué prisa llevamos? Les puedo asegurar que una semana después todos los gatos son pardos y lo mismo da una que otra (yo ni siquiera he tenido que esperar los 5 minutos de rigor cuando me ha dado positivo. Había ya tanta gonadotropina coriónica en mi organismo que la aparición de las rayas fue visto y no visto). En lugar de dejarnos el sueldo en pruebas caras, podemos comprar una barata y tirarnos esa semana de espera durmiendo, comiendo y cuidándonos como si ya estuviéramos en estado de buena esperanza. Y si no lo estamos… ¡pues que nos quiten lo bailado! Y por si no hubiera suficiente con el dinero invertido en pruebas de embarazo, ahora se han inventado una que "predice" el sexo del bebé con una fiabilidad del 80 por ciento. Como para salir a repartir puros o bombones cuando ni siquiera hay una barriga para presumir (que no ha sido mi caso, jajajaja).

 

El timo de los multivitamínicos

Según la Organización Mundial de la Salud, los únicos suplementos que una mujer gestante con una alimentación balanceada necesita son dos: el ácido fólico (que se recomienda tomar cuando empieza a buscarse el embarazo y hasta la semana 12) y el hierro (cuyo uso intensivo e indiscriminado, por otro lado, despierta suspicacias por parte de algunos profesionales). Aquí en España algunos expertos, a la luz de nuevos estudios, han empezado además a prescribir yodo a las embarazadas y a las madres en período de lactancia  por considerar que las cantidades de este compuesto que se ingieren a través del pescado y la sal yodada en este país son insuficientes para estos casos.

 

 

La buena noticia es que el ácido fólico y el yodo cuestan cada uno sobre los 3 euros la caja para un mes, lo que es francamente asumible en términos económicos. ¿La mala? Que salimos de la consulta del ginecólogo con muestras gratis de Natalbén, que hace más o menos lo mismo por… 15 euros (o, si vamos al herbolario, con Floradix, que cuesta incluso más). Cuando la cajita se acaba, se nos hace impensable consumir ácido fólico y yodo modos y lirondos y terminando pagando el triple "por si acaso". Por si acaso nada, las recomendaciones están muy claras: sólo son necesarios estos dos suplementos, lo demás sobra. Y lo que nos estamos gastando en multivitamínicos nos vendría muy bien para comprar mucha comida rica de la mejor calidad con la cual nutrirnos sin tener que tomar ninguna pastillita (y sin efectos secundarios, que todos los que han tomado hierro saben a lo que me refiero, ejem).

 

¿Una habitación con vistas al mar?

Digo yo, será esa la diferencia entre ir por la privada y por la Seguridad Social (en Valencia). Porque yo, que he estado de ambos lados, me he sentido más arropada en la SS, en donde tienen los mejores equipos y los mejores tratamientos (aunque no tengan los últimos números del Hola en la sala de espera, todo hay que decirlo).

Y salvo que seas de la realeza o de la jet set -o, hablando en plata, que pagues las consultas a tocateja-, el trato que recibe un paciente en la privada cuando va por una compañía de seguros no tiene mucho de exclusivo, la verdad. Yo he estado a punto de poner un reclamación a mi compañía después de que varios ginecólogos a los que llamé por teléfono para pedirles hora se negaran a atenderme porque "ellos no llevan partos", "tienen la agenda cubierta hasta diciembre", "sólo dan seguimiento de embarazo a clientas antiguas" "han decidido no atender partos de compañías de seguros, para darles atención exclusiva a las clientas que pagan en efectivo".  Pues oye, que se borren del cuadro médico, y así antes de contratar un seguro tendremos información real sobre los ginecólogos a los que verdaderamente podemos acceder.

¿Vale la pena contratar un seguro médico en estas condiciones, en los tiempos que corren? Yo creo que no. A fin de cuentas en la SS te van a atender igual, y ahí como hacen guardias siempre tienes un médico disponible para cualquier tipo de emergencia. La habitación no será individual, ni el sofá del acompañante muy cómodo… pero oye, yo prefiero pedirme las vistas al mar para el apartamento de la playa, que en el hospital nos quedamos como mucho dos o tres días…

¡Mírame bien, mami, que esta foto cuesta un pastón!

La tecnología que hace posible los ecógrafos de alta precisión (4D, de cuarta dimensión) es absolutamente alucinante. Si hasta es posible verles los gestos, los pucheros, los movimientos de las manos y los pies a los bebés de muy pocas semanas de embarazo. Más adelante ofrece datos importantes sobre la posición, el peso y el comportamiento del feto, y se piensa que en algunos años la técnica se irá afinando hasta prácticamente convertir al aparato en una pantalla de televisión en donde nuestro hijos pueda verse con total claridad, en vivo y en directo.

 

 

Pero… ay, amigo, no pensaríamos que esto iba a salir gratis… ¿o sí? Según lo que he oído, una ecografía de 4D puede salir entre 100 y 180 euros, según los "extras" que incluya (explicaciones exhaustivas, fotos y DVD personalizado) y el sitio a donde vayas (o si te la traen a casa, como la comida china) Pues vale. Cuando yo nací ni siquiera había ecografías y aquí estoy (y si las hubiera habido, dudo mucho que mi madre hubiera pagado por verlas). Mis dos hijas no han tenido ecografías 4D, y de momento ninguna piensa demandarme. Y este bebé tampoco las tendrá. ¿Tacañería? ¿Falta de sentimentalismo? Ni una cosa ni la otra, sino la certeza de que son meramente recreativas, no tienen ninguna justificación médica. Porque cuando la tienen, es la misma SS la que las paga, así de simple. El que quiera darse el capricho está en su derecho, pero que luego no cuente ese desembolso como imprescindible en la abultada lista de gastos que todo mundo nos dice que genera un bebé. En cuestión de pruebas prenatales, podemos estar seguras de que las verdaderamente importantes ya las cubre la SS o nuestra mutua.

 

Mi guardarropa, la envidia de Demi Roussos

Con mi primera hija la barriga me salió en el quinto mes; hasta entonces pude llevar mis pantalones de diario. Con la segunda fue un poco antes, sobre los cuatro, y fui capeando el temporal con mi "ropa de gorda" (sí, ésa que todos guardamos en el armario junto con la "ropa normal" que utilizamos todos los días…  y con la "ropa de flaca" que no tiramos porque soñamos con volvernos a poner). Con éste me salió la barriga casi al mismo tiempo que me dio positivo en la prueba de embarazo. Hasta que no vi la primera ecografía no me quedé tranquila, porque yo hubiera jurado que llevaba gemelos o trillizos.

No habrá manera de confundir mis fotos de los distintos embarazos porque los años no pasan en balde -no es lo mismo 20 que 30- y porque no me verán con la misma ropa en unas y en otras. En cada embarazo he sido la feliz receptora temporal de uno o varios lotes de prendas con espacio en la cintura que he devuelvo después de los nueve meses reglamentarios. Casi todo mundo quiere compartir contigo su ropa de embarazo; es algo que la mayoría sabe que no va a volver a usar, por lo que a veces sólo hay que mirar un poco a nuestro alrededor para encontrar a alguna madre reciente dispuesta a dejárnosla.

El precio de la ropa premamá es un atraco a mano armada, sobre todo si consideramos el poco uso que le vamos a dar. Yo, en propiedad, tengo unos cuantos sujetadores de lactancia hechos picadillo (menos mal que en 9 meses siempre se pillan unas rebajas, las de verano o las de invierno, y se pueden encontrar algunos bastante apañados por 10-12 euros), un pantalón que me regaló mi madre para el embarazo de mi hija mayor, un par de blusones de mercadillo de 3 euros que me tenían bastante satisfecha hasta que leí la etiqueta (ver foto) y una blusa que me compré para la comunión de mi sobrina cuando estaba embarazada de la pequeña y cuyo precio todavía me duele en el fondo del corazón: 50 euros (en mi descargo diré que era la única tienda premamá del pueblo, así que no tenía opción alguna). El resto son donaciones (gracias Ana, María José, Mariluz) y préstamos (gracias María, Paloma, María, Amparo y María José).

 


 

¿Cuál debería ser nuestro presupuesto para ropa premamá? Pues depende de si es el primer, segundo o tercer hijo y del número de amigas dispuestas a desprenderse de su ropa, de si tenemos que trabajar en una oficina o estar en casa, de si somos fashion victims o si nos conformamos con ir vestidas cómodamente. Si con mi primera hija no me gasté casi nada… con éste va a ser menos que nada y encima voy a ir divina de la muerte, sin repetir modelito. ¡Qué maravilla, un verano en que no tendré que esconder la barriga… sino lucirla en todo su esplendor!

 

La lotería de la gestante

Cuando nos quedamos embarazadas compramos, sin saberlo, papeletas para distintos transtornos o padecimientos que a veces pueden hacernos acusar más los cambios normales durante el proceso de gestación: diabetes gestacional, varices, edemas, manchas en la cara, estrías, ciática, náuseas, vómitos, picazones varias y calambres en las piernas. Mala suerte, a veces tocan todas, a veces varias, a veces ninguna. Todas son molestas y muchas de ellas requieren tratamiento, normalmente asumido por la Seguridad Social… menos, por supuesto, las estrías y las manchas, que por ser un problema estético contribuyen a proporcionar felicidad a las marcas de cosméticos.

Yo de las manchas sé poco -no me han salido muchas-, pero de estrías puedo hablar largo y tendido. Con la mayor, crema cara de por medio, me salieron todas las posibles, las mías y las de mis amigas y las de mis vecinas y las de las embarazadas de todo el barrio. Con mi segunda hija no me puse nada, ni crema hidratante siquiera… y no me salió ni una sola (ya sé que era difícil porque no había mucho espacio, pero es curioso, no me salió ninguna). Con éste es pronto para hablar, pero lo que sí sé es que no pienso gastarme la pasta en una crema cara, porque en mi experiencia el tema de las estrías tiene mucho más que ver con un componente genético y con la velocidad de crecimiento de la barriga  (con la primera el crecimiento fue exponencial en un corto período de tiempo). Mis amigas me han dicho que, en todo caso, lo que va muy bien es la crema Nivea de toda la vida, que es muy barata y cunde cantidad. Pues vale, esa probaremos. Que la casa Isdin se quede esperándome sentada esta vez…

 

 

Vale… ¿pero cuánto me tengo que gastar?

Cada una que se gaste lo que quiera y lo que pueda, faltaría más, no soy nadie para meterme en los gustos de cada embarazada. Pero sé por experiencia propia que se puede gastar poco, y en mi caso particular al final del embarazo espero haber gastado: 12 euros de la prueba de embarazo, 3 euros del ácido fólico (3 meses: 9 euros), yodo (3 euros 9 meses: 27 euros), cero en sanidad privada, cero en ecografías 4D, 3 sujetadores de embarazo (30 euros) y 5 euros en un bote de crema Nivea. ¿Total? 83 euros, sin contar imprevistos. Eso sí, los antojos mejor no los cuento, porque si no entonces toda mi estrategia de ahorro se desplomará como un castillo de naipes, jajajaja…

Que la llegada de nuestro bebé haga felices a mamá, a papá, a los abuelos y a todos los que nos quieren. Y que las multinacionales se queden con un palmo de narices.

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