Cuando no tenía hijas, casi recién aterrizada en España, intenté afrontar la responsabilidad de la compra familiar echando mano de los mismos recursos con los que me había abierto paso en mi prolongada vida estudiantil: una libretita, un boli y largas tardes de trabajo de campo para conocer el terreno y planear una estrategia brillante con el fin de hacer la compra del mes con 20.000 pesetas.
Sí, lo sé, qué exagerada soy, si comprar no es tan difícil. Pero pónganse en mi lugar: no conocía el país, ni la moneda, ni siquiera los tipos de alimentos… no les miento si les digo que miraba los estantes de los supermercados como si estuviera en el Prado y estuviera tratando de descifrar El Jardín de las Delicias…

A lo que iba, que me enrollo: que después de seis o siete visitas al Carrefour para conocer sus pasillos, sus productos y su sistema de ofertas me di cuenta de que aquello no era para mí. Sus catálogos hechos a todo color con letras enormes ofrecían siempre dos o tres productos "gancho" que impresionaban al personal para que acudiera en masa a la tienda… y ya que estaba se llevara otras cosas que no estaban tan baratas. Y eso sin hablar de sus "fantásticas" ofertas en lotes de productos que, calculadora en mano, costaban más baratos comprándolos de uno en uno.
Yo me conformaba con ir cada dos meses con mi marido a por papel higiénico (¿seguríamos felizmente casados si entonces, abochornado por tener que empujar un carrito con cantidades ingentes de papel de váter, se hubiera negado a acompañarme?) y a chafardear un poquillo por esos pasillos repletos de marcas y presentaciones que nunca había visto en mi Mercadona de costumbre (y eso que todavía ni imaginaba que muchas más iban a desaparecer). Yo iba a explorar y a echar la tarde, como dicen en Antequera.

Y así hubiera seguido si la tan traída y llevada crisis de la que todos hablan no hubiera provocado esta guerra de ofertas entre supermercados que de la que por primera vez nos podemos beneficiar los consumidores. ¡2×3 en Carrefour, Hipercor, El Corte Inglés, Dia, Eroski y todos los que se apunten! Unidades gratis, descuentos sin fin, y noticias anunciadas a bombo y platillo, como la de que "Carrefour reduce sus precios hasta un 25%, la mayor bajada de la historia". Lo verdaderamente relevante es que los descuentos de ahora son REALES, no descuentos trampa tan comunes en años anteriores en donde le plantaban un bonito 50 por ciento de descuento a cosas que habían encarecido antes un 80…
Carrefour nunca ha sido santo de mi devoción, eso está claro, pero tampoco soy tonta y no es momento para viejos rencores. Y para sacarle todo el jugo a los descuentos como un verdadero domador del euro, nos es imprescindible sacar la tarjetita del Club Carrefour, porque gracias a ella podemos acumular puntos por consumo canjeables por vales descuento y conseguir asimismo descuentos automáticos para compras futuras.

Pero la tarjetita de marras tiene un par de ases bajo la manga que no todo mundo conoce. El primero es la posibilidad de imprimirse cupones específicos de distinto tipo de artículos (alimentación, cosmética, electrónica) desde su página web proporcionando el número de la tarjeta. Yo lo descubrí la navidad pasada y calculo haber ahorrado unos 10 euros en algunos artículos de regalo que iba a comprar de cualquier manera. Los cupones tienen impresa su fecha de validez y deben ser presentados en caja junto con la tarjeta con cuyo número nos hemos registrado:
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Ya puestos también nos podemos apuntar a su Baby Club (artículos de puericultura), Huellas (productos para animales), Videojuegos y La Buena Mesa, que tiene promociones especiales para sus afiliados.
El otro uso de la tarjeta nos remite a una web llamada Novedades gratis que en justicia no debería ser (sólo) de Carrefour, pero para poder apuntarnos necesitamos otra vez el número de la tarjeta (porque los fabricantes han hecho el trato con este supermercado y no con otro). La página en cuestión te ofrece 450 puntos de crédito canjeables por productos recién lanzados al mercado pidiéndote a cambio que los pruebes y des tu opinión en una encuesta. La mayoría son de regalo, pero algunos están etiquetados como "casi" gratis, o sea que simplemente te dan un descuento.
Cada vez que contestamos a la encuesta los puntos que utilizamos para "comprar" el producto se nos reembolsan y vuelta a empezar. Lo bueno es que por cada tarjeta se pueden registrar varios miembros de la misma familia, y cada uno puede elegir sus productos ¿A que suena chachi? ¡El sueño de todo domador, que los productos no nos cuesten nada! Pero la realidad no es tan dulce, porque aunque es cierto que gracias a estos cupones podemos retirar de cualquier Carrefour aquello que hemos elegido sin pagar un duro, tampoco nos sale gratis si tomamos en cuenta el esfuerzo y los desplazamientos en balde que hacemos para conseguirlos.

Sí, yo he me ido con mis cupones en la mano al Carrefour dispuesta a comerme el mundo… y me he quedado con la mayoría sin usar por no encontrar el producto señalado. Tuve que hacer varios viajes (lo menos cuatro, y a Carrefoures distintos) y nunca terminé de canjearlos todos.
¿Cuál fue mi ganancia? Un champú para niños marca Carrefour, un gel de ducha Sanex, un sobrecito de Cola Cao Turbo y un par de latas de Schweppes de distintos sabores. Mi marido se sacó un barril de Heineken de 5 litros al 50 por ciento de descuento y alguna cosa más que no recuerdo. Nos quedamos con las ganas de canjear el cupón de los sobaos pasiegos de la Bella Easo y de una espuma para cabello rizado marca Elnett, porque nunca dimos con ellos.
¿Quién sabe? A lo mejor ahora me animo a colgarme a la espalda mi mochila de Dora la Exploradora y a lanzarme al Carrefour, a ver si de una vez por todas me compensa ir a cambiar todos mis cupones. Y no sería nada extraño que además se me pegaran otros artículos básicos de alimentación y droguería, ya que Mercadona me tiene bastante desamparada y el Dia no siempre repone la mercancía con rapidez.

Aún así, pensando en la campaña de reducción de precios del Carrefour, yo me pregunto, ¿irán en serio con lo de "bajamos los precios… ¡y los mantenemos!"? ¿Durante cuánto tiempo piensan mantenerlos? ¿Hasta que acabe la crisis? ¿Hasta que se reduzca el número de parados? ¿Hasta que el Pocero haya encontrado la manera de volver a vender pisos que valen la vigésima parte de lo que cuestan?
Qué sé yo. Aprovechemos mientras son ellos los que doblan las manos, desesperados por vender. Ya llegarán los tiempos en que volverán a inflar los precios artificialmente para colgarles el consabido letrerito del 3 x 2 y quedarse más anchos que largos. Menos mal que ahora mi marido es un domador orgulloso y no tendré problemas para reunir la provisión de papel higiénico necesaria para lo que resta del año…

